Acuática

Voy a darme un baño antes de comer. Busco una botella de agua y algo para leer.
La manía de leer varios a la vez me hace dudar, hasta que veo que tengo a Glauka, "La vieja sirena" de José luis Sampedro olvidada, aparcada en un rincón.
Acabo de salir del agua, estaba un poco fría; pero ahora al sol me caliento.
Abro el libro.
Leo:
“Los cuerpos se entrelazan, los gestos se aceleran.
Ella siente contra su vientre el espolón erguido y se abre, se ofrece, se adelanta. El ariete la encuentra, la tantea y la penetra despaciosa, poderosamente. Ella absorbe ese instante del primer saboreo con el macho en su vientre, suyo todo él, toda su longitud y poderío.
¡Posesión del hombre, ya es mío, me hace suya! El pene se hace cordón umbilical, da una nueva plenitud al vientre, retorna al origen, consolida la unión. Ella lo saborea y el hombre prolonga la sensación porque es buen jinete y espera, antes de empezar a moverse, a liberar al miembro de su elástico y tibio cautiverio para volver a entregarlo, suave y violento, tranquilo y ardoroso, mientras murmura palabras en una lengua ignota.
El ritmo viril no es agresivo sino cósmico: vaivén de olas, palma mecida por la brisa.”
Creo que necesito voy a darme otro chapuzón. Que calor...
