Un rayo de sol...Uoh oh oh

Y mil de luna.
En uno de esos lapsus temporales cuando se empezaba a sentir la calidez de la brisa pre-estival tuve que hacer como Eva Maria.
El caso que no tenía maleta de piel y tampoco bikini de rayas, así que decidí que nunca más una lágrima en la arena; en tal caso que fueran gotas de sudor íntimo y humano las que empaparan arena, toalla y que salpicaran a quién la quisiera encontrar.
Oí que si me paraba corría el riesgo de quedarme eutrófica. Con cara de que comprendía todo, me despedí y salí volando a buscar la palabreja en un diccionario para comprender su significado y entender lo que me quería decir.
Pelos de punta, temblores angustiosos y arcadas, fueron el resultado de esas palabras.
Y como alguien que no recuerdo dijo: “La ignorancia crea monstruos”, antes de llegar a ese estado que me auguraban sin pensarlo me fui con la música a otra parte, y comprobé que hasta sonaba mejor.
Empecé a conocer otras palabras nuevas que sonaban mucho más bonitas.
Aprendí a montar un jardín de luciérnagas, y otro de flores. Que las luciérnagas se comen los caracoles y los caracoles las flores que planto. Que los grillotopos existen y comen los huevos de los grillos, que el amor al aire libre sabe y huele mejor, que una manguera es más sensual y efectiva que una ducha, que no puedo atrapar ni al viento ni al sol, pero sobre todo lo que aprendí al llegar a mi nueva morada fue que el cemento de la ciudad me marchitaba mientras que aquí soy libre como una ardilla y salvaje como lirón.
Con ventanas orientadas a los colores del Universo....¿cómo no voy a ser feliz?

