El Espejo
No podía sacarse de la cabeza la sonrisa burlona de aquel vendedor callejero, cuando ella revolviendo en su carrito de trastos descubrió el espejo. Le preguntó su precio y cambiando la sonrisa por un rictus enigmático le espetó que aunque se lo vendiera, ese espejo tenía dueño. Ella pensó que era un delirio de anciano y lo compró, curiosamente muy barato.
El delirio y la locura cambio de personaje cuando a ella se la veía frenética por todos los pueblos y las ferias buscando al vendedor ambulante.
Tendría que darle muchas explicaciones; siempre que se reflejaba en el espejo aparecía con un collar, llevase lo que llevase puesto el collar era cada vez diferente, de metales preciosos, de perlas y plumas, de cuero e incluso de pinchos como los de castigo para los perros.
Podía ser magia, otra dimensión, alucinaciones, pero...
no podía sacarse de la cabeza la sonrisa burlona de aquel vendedor callejero, necesitaba encontrarlo y al Dueño del espejo, porque... ¿se habría convertido también en su Dueño?
