Cuéntame un cuento y verás que contenta, me voy a la cama y tengo lindos sueños
Érase una vez un rey que presionaba a la princesa para que eligiera marido, sino en breve lo escogería él mismo, y es que la princesa ya iba para treinta y cinco.
Para salir del apuro, ella ideó una prueba que tendrían que pasar los pretendientes a su mano y que sería imposible para cualquier humano. Así la dejarían en paz por un tiempo mientras los ilusos lo intentaban.
La prueba consistiría en subir a la torre más alta del reino, y tocar la campana que la coronaba.
Muchos lo intentaron con múltiples aparejos, cuerdas, escaleras y hasta hubo algún insensato que llegar sí que llegó a la campana, pero impulsado por una catapulta y haciéndola sonar con su cabeza al estrellarse contra ella.
Apareció un silencioso hombre que se quedó mirando fijamente a los ojos de la princesa antes de colocarse en la base de la torre de la campana.
Ante la mirada de todos, con movimientos lentos empezó a agarrarse las manos y los pies a las verticales piedras. Fue trepando poco a poco mientras la gente aguantaba la respiración, ya que no daban crédito a lo que veían; aquello no parecía un hombre, sino una hábil lagartija de precisos pasos.
Finalmente, llegó a la campana, y triunfante la tocó al lado de la princesa que ya subiera corriendo para ver a aquel hombre que por ella había hecho lo imposible a los ojos de los humanos. La princesa azorada le inquirió: "¿Cómo has sido capaz de semejante hazaña?"
Él, sin reparo ni pleitesía alguna, le levantó la cabeza con las manos y sus ojos penetraron en las pupilas de ella más allá de sus entrañas. Lentamente empezó a desatarle los cordones del vestido. Sutilmente la despojó de todas sus prendas al mismo tiempo que le susurraba:
“MI princesa, sólo tuve que mirarte a los ojos para desearte, entonces lo único que hice fue inventarme el final perfecto, y mientras escalaba sólo me visualizaba ya aquí arriba poseyéndote –como estoy empezando a hacerlo- y observándome como tu único Dueño.
Mi voluntad hizo el resto”.
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Fotos: sonela Mzm.
