Placeres disciplinados
Empezaron el nuevo juego.
En ese juego Él era su Dueño, tanto de su mente como de su cuerpo.
Zia, cada vez más entregada, asiente cuando le dice que hasta sus orgasmos le pertenecen y ya no es libre de tenerlos. Al principio no entendía nada, pero pronto comprendió que le haría falta mucha autodisciplina para conseguirlo.
Entre el deseo acumulado y el placer de lo prohibido, en vez de mujer se convertía en bomba de relojería, eso sí, que cuando Él activaba, explota en un orgasmo centuplicado y brutal gracias a la excitante abstinencia.
Mírala como está, que ni se atreve a rozarse...
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Foto: sonela
