Volando voy, volando vengo
Cuando a veces necesito escalar para llegar a la cumbre de alguna montaña donde me siento microbio y diosa a la vez, donde el mar de nubes se confunde con el infinito a mis pies, no lo hago por amor al arte ni porque esté en las nubes, no.
Simplemente es que aquí en las alturas donde entreno mis alas, porque aún son tan nuevas y frágiles que ahí abajo existe el riesgo de que se puedan lastimar o desintegrar.
Y eso no. Son mis alas.
Y recién estrenadas.
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Foto de sonela tomada el quinto día de entrenamiento.
