AFRiCa III. MoMBaSa
En Mombasa pasamos unos días de ensueño. Desde el hotel teníamos una vista privilegiada, veíamos como los marisqueadores keniatas andaban sobre el coral cuando había mareas dando la impresión de que caminaban encima del mar.
Durante la estancia allí, desayunábamos cada día en un jardín diferente del hotel, y luego nos dedicábamos a perdernos por Mombasa.
Mombasa es preciosa. Pasear por sus calles es una delicia. La gente es muy cordial, y te marean con tanto ¡Jambo! (Hola en swahili).
Pateamos toda la ciudad y alrededores, compramos artesanía en los muchos tenderetes y puestos callejeros, tomamos copas en la terraza del Hard Rock Mombasa, visitamos Fort Jesus, por eso de que fueron los vecinos portugueses los que construyeron esa fortaleza en 1593 para defenderse se los ataques de los otomanos.
Incluso dimos con un precioso templo hindú medio escondido en las callejuelas de la ciudad.
A los pocos días ya empecé a ver a Brais por las noches ensimismado mareando cientos de mapas, guías y folletos. Ya estaba pensando por donde íbamos a continuar, su culo inquieto le picaba cuando llevaba unos días en el mismo sitio, pero ésta vez decía que estaba buscando algo especial, algo fuera de los recorridos turístico más visitados y por eso le llevaba su tiempo encontrarlo. El día que lo hizo y fuimos a la agencia a comprar los billetes estaba radiante y repetía que a mi me encantaría el sitio. Sabía bien lo que decía.
Otra vez al aeropuerto de Mombasa. Allí por poco me da un jamecuco cuando nos montamos en una avioneta casi de juguete y con un piloto que nos recibió cantando y saludándonos con la típica broma de “te doy la mano, no te la doy”.
Se llamaba Chui, y la avioneta también. No sabía que lo peor iba a venir después, cuando vi que su arte de pilotar mirando para atrás mientras charlaba y gastaba bromas me hacía poner el estómago de corbata y dejarme las uñas en el asiento. Cuando dirigía la mirada hacía mi yo le ponía ojos de pez degollado y él intuyendo mi malestar a carcajada limpia soltaba : “Pole, pole. Hakuna matata” (Poco a poco. No hay problema.).
En poco trayecto francamente me sentía mal y le pregunté a Brais cuanto faltaba para llegar a nuestro destino, ni me importaba cual era, pero que fuera YA. Me quiso reconfortar diciéndome que casi ya estábamos llegando a Malindi, donde haríamos escala y después volaríamos otra vez -sospechaba que con Chui- hacía la ciudad más antigua de Kenia y la guardiana de la cultura swahili: Lamu.
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* Me han comentado que la página ha bajado de tono y nunca sale Zia. Volverá otra vez cuando se acabe el viaje de Africa para los que desean más.
