Un masaje
“Estaba próximo el mediodía cuando Petronio se despertó,
sumamente fatigado, como de costumbre. Se dijo que por las mañanas se sentía demasiado entumecido, y que no podía ordenar sus pensamientos. Pero el baño matutino, y un cuidadoso amasamiento corporal, realizado por las manos hábiles de sus esclavos, apresuraban poco a poco el entorpecido curso de su sangre, lo renovaba y vivificaban, le devolvían fuerzas."
Quo Vadis.
No vamos a ser menos que Petronio y hoy dejáremos que nuestro cuerpo disfrute con el placer del masaje.
La música relajante crea la atmósfera adecuada, y lo primero será introducirnos en el baño que nos han preparado. Cerramos los ojos mientras nos lavan minuciosamente empezando por los dedos de los pies, y ascendiendo sin dejar ninguna esquina, ningún pliegue de piel celoso de otro.
Notaremos que después de lavado todo el cuerpo comienzan a frotarnos con sal gruesa en toques circulares, sintiendo cada movimiento en contacto puro con la piel, enrojeciéndola levemente y estimulando nuestra circulación.
Nos aclaran con chorros tibios y nos secan con una gran toalla. Nos tumbamos boca abajo y percibimos como nos cubren lentamente en un movimiento largo con sus propios cabellos, despertando los millones de receptores de placer de nuestra piel, y preparándola para el masaje que comienza ahora, con un amasamiento en los dedos de los pies que va ascendiendo sin dejar ninguna esquina, ningún pliegue de piel celoso de otro...
