La paloma de ojos naranjas
Abrí la ventana de la cocina y la paloma de ojos naranjas se acercó a mi mano para comer los restos de empanada.
En vez de embuchar me empujó hacia el cuello de una botella de leche y apretando con su pico me metió dentro de ella.
Cerré los ojos intentando creer que yo no era la víctima, y al volver a abrirlos vi con gran sorpresa no exenta de terror que si antes me encontraba en peligro ahora me hallaba ante otro peor.
Una horrible boca de culebra se abría en dirección al cuello de la botella. La culebra lleva un reloj de pulsera que me resulta conocido y cuando intenta introducirse en la botella, empieza a dar las siete. Muerta de espanto en espera de la acometida del reptil vuelvo a cerrar los ojos y me siento hipnotizada con las siete campanadas.
Apago el despertador y procuro despojarme del sueño.
Preparo un café y miro el amanecer por la ventana.
En el balcón de enfrente espera la paloma de ojos naranjas parece que tiene hambre, pero a partir de hoy miraré bien
a quien le doy de comer empanada.
