Las cosas que no están en los libros
Cuenta la señora Fina que en su aldea se conocían todos por su apodo que habitualmente se heredaba de generación en generación, dándole en muchos casos más valor que al propio apellido.
A veces lo recuerda divertida haciendo gala de su privilegiada memoria de 84 años: Tarejo, Vacaroxa, Belena, Cagadepé, Campana, Carozo, Perixela o el Rascaparrachas.
Suelo pedirle que me explique el significado de los más curiosos, como el de la Perixela, que vendría ser la perejila, una mujer medio meiga y curandera que normalmente utilizaba el perejil para sus pócimas, lo que no cuenta la señora Fina es que el perejil era de sobra conocido en aquellos tiempos como abortivo natural.
Siempre y como quien no quiere la cosa le pregunto por el Rascaparrachas, pero llegado ese punto ella baja sus ojos grises reposándolos en el infinito, sonríe como una niña grande y replica que pasó mucho tiempo y que ya no recuerda nada más de lo que cuenta.
Cientos de veces le he insistido para sonsacarle algo con hermético resultado.
Hay cosas que no están en los libros, cosas que solo la señora Fina sabe, y yo me temo que me quedaré sin conocer la historia del Rascaparrachas.
