Cartas desde el barco
Una vez el viento me susurró algo tentador y salado, abandoné todo mi mundo y le hice caso para perseguir un sueño con nombre de barco.
Cosas de la vida que pasados los años han vuelto a mí las cartas que escribí desde el barco, y ésta es la primera que envié al hombre que compartía mi vida por aquel entonces:
“No sé como estarás al recibir esta carta, ni donde estaré yo, ni siquiera si me habrás perdonado por irme y ser como soy.
No sabía como despedirme, me moría al intentar decirte adiós. Cuando me llevabas al aeropuerto y me besabas en los semáforos, repetías que te parecía increíble que me fuera.
En aquel momento parecía mentira y una película de terror mas que de aventuras. Yo tampoco quería prescindir de ti ni sabía si podría hacerlo, pero iba a intentarlo.
Ahora que estoy ya en Palma trabajando en los preparativos del largo viaje, es difícil no pensar la inmensidad de cosas que juntos hemos sentido.
Quiero mantener esa inmensidad a la vuelta.
Quiero sentirte cerca en la distancia.
Quiero colgarme de tu cuello como una lapa, y quiero que me perdones por haberme ido y elegir ser una loba de mar o aprendiz de pirata antes de marchitarme ignorando mis sueños siendo lo que no deseo, y seguir mi rumbo esta vez de espuma de sabe Dios cuantos mares sin que me pongas freno. Ya sé que todos piensan que no es cosa de mujeres, y sé lo mucho que tendrás que oír y aguantar. Gracias por creer en mí.
Quiero que seas feliz estos meses que estaré fuera, que pienses que llegaré en una ola blanca cuando menos te lo esperes, que tendré el sabor del océano y que sólo tú saborearás mis orillas de lado a lado.
Estoy deseando zarpar, pienso que cuanto antes salgamos antes regresaremos, aunque el resto de la tripulación se ríe de mí y dice que más da, un mes más que un mes menos.
Me despido acariciando a la brisa que va hacía el noroeste con la cara vacía de besos”

[...] Cuando navegaba, a partir del medio del Atlántico empezaban a aparecer los primeros y más intrépidos pececitos, pero a medida que nos acercábamos a Barbados el océano era un espectáculo de bandadas inmensas de peces voladores. Los dólares d [...]
Cuarto de hora — 2005-11-28 16:03:14