Eternos
Cuando me hablan de los planes que tienen a largo plazo como
“en un par de años haré esto o lo otro, o compraré lo de más allá”, algo en mi se desconecta instantáneamente como un boton de Off que esos petardos activan al segundo de hablar sobre su incierto futuro.
Mi mente empieza a navegar por mares más transparentes y cercanos y pongo la sonrisa de que no estoy haciendo pajolero caso.
No lo puedo evitar.
Quizás lo que hagan mañana o dentro de un mes me interesa,
que descubrieron su nueva pasión en los geranios violetas o
que el patito de goma rosa de su bañera ya no flota ni pita
pero no sus absurdos planes de mentes inmortales.
No conocen el término impermanencia.
A lo mejor tendrían que empezar por leer los secretos de la
eterna juventud tibetanos o encontrar a algún alquimista realizado.
A mí hoy me preocupa si encontraré rosas amarillas para darme un baño con sus pétalos o si bailaré bien el sensual tema de Prince que elegí para Él.
Cada uno tiene sus prioridades, a saber cuales son las vuestras.
