Para que andar si puedes volar
Hace pocos días que Eric me llamó anunciando su llegada
y que antes recibiría dos paquetes imposibles de traer en
avión, matizando que se deberían abrir por la noche y con él.
El Lunes llegaron los paquetes y con ellos ayer me fui a
recibir a Eric al aeropuerto. Apareció como Papa Noel,
repleto de paquetes y bolsas como si se trasladara de ciudad
y tan sólo venía a cenar.
Cenamos en un conocido restaurante mirando al mar, y entre plato y plato me daba los regalos, pero hoy comentaré uno.
Una caja naranja que ponía: “Para que andar si puedes volar”
Contenía unos magníficos botines que aparentemente son normales hasta que despliegas las ruedas ocultas y se transforman en unos fenomenales patines.
Pero faltaban los dos misteriosos paquetes por abrir, y al acabar de cenar me llevó a la playa de Oza. Allí Eric se dirigió a la orilla cargando con ellos (doce kilos) mientras me advertía que me diera la vuelta porque no podía mirar.
No sé cual fue mi cara al girarme, ni la de los que ayer a las doce y diez miraron al cielo coruñés y vieron como doscientos fuegos artificiales llenaron la noche de colores y silbidos mientras Eric entre risas decía: “Son para ti”
Entonces entendí porque no pudo traerlos en el avión y que siempre adoraría el concepto de amistad de Eric y a él.
Se despidió diciendo que ahora ya tenía alas, y yo le regalé
mi hasta ahora inseparable anillo de Sol.
