Zia
Cuando Él confirma que viene, Zia se prepara.
Radiante de dicha, solemne y soberbia y con la
escrupulosidad de quien practica un rito sagrado,
enciende incienso y se desnuda.
Está inquieta pero no vacila.
Deshaciéndose en suspiros se adorna con los cascabeles
de plata sus manos y pies, recordando que su tintineo
era símbolo de emoción, de ignición y placer,
de propiedad y deleite exclusivo de Él.
Pero hoy no sólo le embelesará con su danza, porque
sutilmente le desea más que nunca deslumbrar.
Se ha pintado con tinta invisible en su cuerpo cadenas
y prepara la luz violeta que las hará patentes como miles
de luciérnagas abrazadas a ella exaltando su pasión.
Es tarde. Pone a Norah Jones.
Ligera, coge los tres cebos de pescar fluorescentes
y los activa. Frota y dobla.
Bien, ya brillan.
Ellos señalaran las tres puertas abiertas y luminosas a
su dueño, que está a llegar. Suave y morbosa introduce,
no del todo, dos en sus más íntimas entradas
y el tercero decorando su sonrisa.
Ya suena el timbre. Zia apaga las luces.
La función va a comenzar.

[...] Zia. Volverá otra vezcuando se acabe el viaje de Africa para los que desean más. Referencias (URL para enviar referencias) Comentarios Nombre Correo Electrónico URL [...]
Cuarto de hora — 2005-07-26 00:18:58