Santa noche funky
“Puedo verte cada noche bailar,
no te conozco y ya me eres familiar.
Desnudas tu cuerpo en la barra de un bar,
coges tu dinero y te sueles marchar.
¿Por qué cuando sale otra ya nada es igual?
Hoy tengo dinero y esta puede ser….
¡Mi oportunidad!”
Eso fue lo último que pude oír cantar a mi vaquero amigo
Tom cuando salíamos más contentos que unas pascuas de
su genial fiesta y de repente nos sentimos rodeados.
Lo peor era que el kukusklan avanzaba hacía nosotros al
son de fúnebres tambores impidiéndonos seguir camino.
Visible el bajón en nuestros caretos y medio acongojados, decidimos volver y esperar que se acabara tanta devoción callejera amparados en los decibelios estimulantes y alegres de nuestro amigo. Cuando regresamos entonaba:
“Noches como estas no son para olvidar
la gente está cantando y nos hace flipar
hoy bajó hasta el vecino que nos suele denunciar.
Créeme no es nada fácil el poder haceros cantar
pero una vez logrado, lo mejor está por llegar.
Esta noche es una fiesta que sólo tú la puedes lograr…”
